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El próximo terremoto no leerá el decreto Colombia no puede darse el lujo de desaprender

Por: Daniel Ruiz

¿Aceptaríamos que los hospitales, colegios y edificios del futuro fueran diseñados para resistir fuerzas sísmicas menores que las utilizadas durante las últimas décadas?

Aunque parezca una pregunta hipotética, ese es, en esencia, un debate que tiene Colombia.

El gobierno saliente (el que terminó el 6 de agosto de 2026) puso en consulta pública un proyecto de decreto mediante el cual propone adoptar el Modelo Nacional de Amenaza Sísmica de Colombia (MNAS), desarrollado por el Servicio Geológico Colombiano, como base para actualizar el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR). A primera vista parece una discusión reservada para geólogos e ingenieros. No lo es. Se trata de una decisión que influirá en la forma como se diseñarán las edificaciones donde vivirán  nuestros  hijos,  funcionarán  nuestros  hospitales  y  estudiarán  las  próximas generaciones.

Ver decreto

Cada gran terremoto deja una lección. San Francisco, México, Kobe, Chile, Turquía y Japón son prueba de ello. El doble terremoto ocurrido en Venezuela dejó miles de víctimas y una enorme cantidad de edificaciones destruidas o gravemente afectadas. El terremoto de magnitud 7.4 ocurrido en Colombia el 10 de agosto de 2026 en San José del Palmar (Chocó) causó múltiples colapsos de edificaciones en los Departamentos circundantes. En todos estos casos, el movimiento del suelo simplemente puso a prueba las decisiones que la sociedad había tomado muchos años antes, cuando definió cómo diseñar y construir sus edificios.

Con cada terremoto ocurrido la ingeniería sismorresistente ha evolucionado permanentemente. Cada desastre ha impulsado mejores investigaciones, reglamentos más exigentes y edificaciones más seguras. En otras palabras, hemos aprendido.

La pregunta es si Colombia está a punto de seguir aprendiendo... o de empezar a desaprender.

Para responderla conviene entender una diferencia fundamental.

Actualmente existen dos propuestas técnicas para actualizar la amenaza sísmica del país. Una corresponde al Modelo Nacional de Amenaza Sísmica, desarrollado por el Servicio Geológico Colombiano. La otra fue elaborada por el Comité AIS 300 de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica. Esta última mantiene una continuidad con la filosofía de diseño que ha caracterizado a la NSR durante más de cuatro décadas.

No pretendo discutir cuál de los dos modelos probabilísticos representa mejor la amenaza sísmica de Colombia (amenaza expresada en aceleración). Ambos buscan estimar el comportamiento futuro de los terremotos y ninguno puede considerarse una verdad absoluta.

Pero existe un hecho que sí puede analizarse objetivamente.

Los ingenieros estructurales no diseñamos edificios utilizando modelos de amenaza sísmica. Diseñamos edificios utilizando fuerzas sísmicas (hay que recordar que en el colegio nos dijeron que Newton estableció que la Fuerza es igual a la masa multiplicada por la aceleración).

Los modelos de amenaza son únicamente el punto de partida. Lo que finalmente llega a los planos estructurales son las fuerzas con las cuales se dimensionan columnas, vigas, muros y cimentaciones.

Y allí aparece el verdadero debate.

Los análisis comparativos discutidos en el marco de la Comisión Asesora Permanente para el Régimen de Construcciones Sismo Resistentes (actas que son públicas) muestran que, en una parte importante de los casos analizados, la propuesta del Servicio Geológico Colombiano conduce a fuerzas sísmicas de diseño inferiores a las utilizadas actualmente por la NSR. En contraste, la propuesta del Comité AIS 300 conserva, en la mayoría de los casos, niveles de diseño mucho más cercanos al reglamento vigente.

Las diferencias no son únicamente académicas. Basta observar las aceleraciones de ciudades como Bogotá, Cúcuta y Mocoa. En las tres ciudades la propuesta del Servicio Geológico Colombiano conduce, para un amplio rango de edificaciones, a demandas sísmicas inferiores a las del reglamento vigente y también inferiores a las de la propuesta del Comité AIS 300 (del orden del 50% de reducción surge del modelo del Servicio Geológico Colombiano).

Traducido a un lenguaje sencillo, esto significa que, si el decreto se adopta en los términos propuestos, muchas edificaciones podrían diseñarse para resistir fuerzas sísmicas menores que aquellas con las cuales Colombia ha diseñado sus construcciones durante varias décadas. Mientras el mundo ha visto en tiempos recientes la catástrofe generada por los terremotos, en Colombia pretendemos diseñar edificaciones con valores menores de aceleración.

Esta afirmación no constituye una crítica al Servicio Geológico Colombiano ni desconoce la calidad científica de su trabajo. Pero sí obliga a formular una pregunta que merece una respuesta clara.

¿Qué evidencia analizó el Gobierno Colombiano saliente (el que terminó el 6 de agosto de 2026) para concluir que reducir las fuerzas sísmicas de diseño de edificios permitirá conservar el mismo nivel de seguridad y resiliencia que la sociedad colombiana ha construido durante décadas?

En ingeniería estructural existe un principio básico: si dos edificaciones idénticas se diseñan para resistir fuerzas diferentes, aquella concebida para menores acciones sísmicas dispondrá, en principio, de un menor margen de capacidad frente a terremotos más severos. En pocas palabras, los edificios nuevos diseñados con la amenaza propuesta por el Servicio Geológico tendrían menos capacidad que los edificios diseñados con las normas de los años 2010 y 1998.

Las normas sismorresistentes representan mucho más que un conjunto de ecuaciones. Son una decisión colectiva sobre el nivel de protección que queremos ofrecer a nuestros ciudadanos. La amenaza sísmica no disminuirá porque un decreto adopte un nuevo modelo para estimarla. Lo único que cambiará será la forma como decidamos prepararnos para enfrentarla.

Por eso una decisión de esta trascendencia merece el mayor consenso técnico posible y una discusión pública centrada no solamente en los modelos de amenaza, sino en las consecuencias que su adopción tendrá sobre el diseño de las edificaciones colombianas.

Porque cuando ocurra el próximo gran terremoto, no será el modelo probabilístico el que enfrente el movimiento del suelo. Serán las columnas, las vigas, los muros y las cimentaciones que decidimos diseñar hoy.

Los terremotos no juzgan nuestras intenciones. Juzgan nuestras decisiones. Y por eso, el próximo terremoto que afecte al país, no leerá ningún decreto.

 


Daniel Mauricio Ruiz Valencia es Doctor en Ingeniería, Profesor Titular del Departamento de Ingeniería Civil y director del Doctorado en Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Ha recibido dos Premios Diódoro Sánchez de la Sociedad Colombiana de Ingenieros y el Premio Nacional de Ingeniería Sísmica Alberto Sarria Molina de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (AIS). Fue miembro de la Junta Directiva de la AIS en varios periodos. Cuenta con más de 25 años de experiencia en investigación sobre comportamiento sísmico de edificaciones, es autor de más de cincuenta publicaciones científicas al respecto y participó en el diseño, dotación y puesta en operación del Laboratorio de Estructuras y Sismo-resistencia de la Pontificia Universidad Javeriana, referente en Latinoamérica. El autor no participó en la construcción de la propuesta de amenaza sísmica del Comité AIS 300 ni tampoco participó en la del Servicio Geológico Colombiano.