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La carrera contra el futuro: los desafíos de la formación en ingeniería en la era de la automatización
Para consolidarse como un país competitivo y alcanzar tasas de crecimiento superiores al 4 %, Colombia necesita aumentar su productividad. Así lo plantean el Balance 2025 y Perspectivas 2026 de la ANDI y el Informe Nacional de Competitividad 2025-2026, que coinciden en que el país debe fortalecer sus cadenas productivas, desarrollar talento humano con formación pertinente e impulsar la innovación y la inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i).
Aunque la industria manufacturera mostró una recuperación en 2025, los avances siguen siendo insuficientes frente a los desafíos del país. Según la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta (EOIC) de la ANDI, la producción manufacturera creció 1,9 %, las ventas totales aumentaron 1,9 % y las ventas al mercado nacional 2,6 %, tras un 2024 con resultados negativos. La utilización de la capacidad instalada alcanzó el 79,1 % y el volumen de pedidos el 81,6 %, pero persisten obstáculos como la incertidumbre económica y política, los altos costos logísticos, la debilidad de la demanda y la baja confianza empresarial.
Pese a este panorama, el 52,8 % de las empresas prevé realizar inversiones productivas en el corto plazo, principalmente en modernización tecnológica (54 %), automatización (35,6 %) y transformación digital (17,8 %). Esta tendencia refleja que la automatización se está consolidando como una herramienta para aumentar la productividad, mejorar la calidad de los productos, reducir desperdicios, disminuir riesgos laborales y fortalecer la competitividad de las empresas.
Sin embargo, la automatización no debe entenderse únicamente como un mecanismo para sustituir trabajadores. Estudios de la OCDE muestran que solo una proporción limitada de ocupaciones enfrenta un alto riesgo de automatización completa. En la mayoría de los casos, las tareas cambiarán y exigirán trabajadores con nuevas capacidades para supervisar procesos, interactuar con tecnologías y aportar habilidades que las máquinas no pueden reemplazar.
El desafío para Colombia es mayor porque el país aún presenta bajos niveles de adopción de tecnologías de producción avanzada y, al mismo tiempo, figura entre los países de la OCDE donde más horas se trabajan al año, pero con una de las menores productividades laborales medidas como PIB por hora trabajada. Trabajar más no significa necesariamente producir más.
A esto se suma que los informes del World Economic Forum advierten que una parte significativa de las habilidades laborales cambiará antes de 2030. Las empresas necesitarán
talento con competencias técnicas, digitales y analíticas, mientras que los trabajadores deberán actualizarse de manera permanente para responder a una industria cada vez más automatizada.
En este contexto, las universidades tienen un papel estratégico. Aunque en 2024 el sistema de educación superior superó los 2,55 millones de estudiantes matriculados, la oferta de programas especializados en automatización industrial continúa siendo limitada frente a las necesidades del sector productivo. Fortalecer esta formación exige infraestructura especializada, investigación aplicada, docentes altamente calificados y una relación más estrecha entre la academia y la industria.
La automatización industrial no debe verse como una amenaza inevitable para el empleo, sino como una oportunidad para incrementar la productividad, generar innovación y mejorar la calidad del trabajo. Aprovecharla dependerá de la capacidad del país para articular empresas, Estado y universidades alrededor de un objetivo común: formar el talento humano que permita liderar la transformación tecnológica e impulsar una industria más competitiva y preparada para los desafíos del futuro.
* Director de Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad Javeriana.
